Práctica
Por qué el driving range no te baja el handicap
Hay un golfista en todos los campos de Chile que lleva tres años yendo al range dos veces por semana y sigue jugando exactamente el mismo handicap. No es falta de talento ni de constancia: es que la forma en que practica está diseñada, sin querer, para que se sienta bien mientras la practica y no sirva el sábado.
La sesión típica de range se parece a esto: un balde de cien bolas, veinte con el pitching wedge para soltar, y las ochenta restantes con el driver. Golpe, arrastrar otra bola con el palo, golpe, arrastrar otra bola. Sin cambiar de objetivo, sin cambiar de palo, sin pausa entre uno y otro.
Hacia la bola cuarenta el swing empieza a sentirse sólido de verdad. Ese es el momento en que uno se convence de que la sesión está funcionando. En realidad es la señal de que dejó de funcionar hace rato.
Práctica de bloque contra práctica aleatoria
Repetir el mismo golpe muchas veces seguidas se llama práctica de bloque. Repetir golpes distintos en orden impredecible se llama práctica aleatoria. La diferencia entre las dos es una de las cosas mejor establecidas del aprendizaje motor, y es contraintuitiva de una forma incómoda.
La práctica de bloque produce mejor rendimiento durante la sesión y peor retención después. La aleatoria produce una sesión que se siente torpe, con más golpes malos y menos sensación de progreso, y una retención bastante mejor una semana más tarde.
Dicho de otro modo: la sesión que se siente mejor es la que menos te sirve. Y como uno juzga la práctica por cómo se sintió, el golfista promedio elige sistemáticamente la peor de las dos y la repite durante años.
Por qué la cancha no se parece en nada al range
En dieciocho hoyos uno nunca pega dos veces el mismo golpe consecutivo. Cambia el palo, cambia el lie, cambia la distancia, cambia el viento, y entre golpe y golpe pasan tres o cuatro minutos caminando. La única habilidad que el range de bloque entrena bien —repetir un movimiento recién calibrado, de inmediato, desde una superficie perfecta— es exactamente la que no aparece nunca en una vuelta.
A eso se suma que la alfombra del range perdona. Un golpe gordo que en la cancha habría dejado un chuletón y veinte metros perdidos, en la alfombra rebota y sale aceptable. La superficie está mintiéndote sobre la calidad del contacto.
Cómo armar una sesión que sí transfiere
No hace falta más tiempo ni más bolas. Con el mismo balde de cien, ordenado distinto, la sesión cambia por completo.
- Veinte bolas de calentamiento en bloque, con wedge. Ese es el único momento del día en que el bloque tiene sentido: no estás aprendiendo, estás entrando en calor.
- Después, nunca dos bolas seguidas con el mismo palo. Cambia de palo y de objetivo en cada golpe, aunque sea alternando entre tres.
- Antes de cada golpe, pasa por tu rutina completa: pararte detrás de la bola, elegir el objetivo, alinearte. Si en la cancha haces una rutina y en el range no, estás practicando un juego distinto al que juegas.
- Juega hoyos imaginarios. Drive, después el hierro que te quedaría, después el approach. Nueve hoyos así son unas veintisiete bolas y se parecen mucho más a un sábado que cien drives.
- Guarda las últimas quince bolas para golpes incómodos: media distancia con wedge, pelota sobre el pie de atrás, un fade forzado. Son los que aparecen en la cancha y nunca se practican.
Dónde está realmente el handicap
Un golfista de handicap veinte pierde muchos más golpes dentro de los cien metros que en el tee. Sin embargo, la distribución típica de una sesión de práctica es al revés: la mayoría del balde se va en driver, que se usa catorce veces por vuelta, y casi nada en chipping y putting, que se usan cincuenta o sesenta.
La razón es evidente y no tiene nada que ver con el golf: pegarle largo con el driver es entretenido y practicar putts de metro y medio no lo es. Pero si el objetivo declarado es bajar el handicap, media hora de putting corto rinde más que un balde entero de drivers, y casi todos los clubes chilenos tienen putting green gratis al lado del range.
Qué esperar
Las primeras tres o cuatro sesiones ordenadas así se van a sentir peor que las de antes. Vas a pegar más golpes malos y vas a salir con menos sensación de haber mejorado. Eso no es señal de que no funcione: es la característica que define a la práctica aleatoria, y es exactamente lo que hace que el aprendizaje se quede.
La medición honesta no es cómo se sintió el range. Es la tarjeta de dentro de dos meses.
Preguntas frecuentes
¿Cuántas veces por semana conviene ir al range?
Dos sesiones bien estructuradas rinden más que cuatro sesiones de bloque, y para la mayoría de los golfistas amateurs dos por semana es sostenible con trabajo y familia. Si solo podés ir una vez, dedicá esa sesión al juego corto y a golpes variados: es donde está la mayor parte de los golpes perdidos.
¿Sirve practicar en alfombra o hay que buscar césped?
La alfombra sirve para trabajar ritmo, rutina y secuencia de palos, que es buena parte del beneficio. Lo que no entrega es información honesta sobre la calidad del contacto, porque perdona los golpes gordos. Si tu club tiene tees de césped, usalos al menos para los hierros; si no, compensá prestando atención al sonido y no solo al vuelo de la bola.
¿Practicar aleatorio también sirve para un principiante?
Al principio no del todo. Alguien que todavía no logra un contacto consistente necesita algo de repetición en bloque para construir el movimiento básico, y ahí el range tradicional cumple. La transición conviene hacerla apenas se logra contacto razonable de forma más o menos repetida, que suele ser antes de lo que la mayoría cree.
¿Y el putting, cuánto tiempo le dedico?
Como referencia, si el putter se usa unas treinta veces por vuelta y el driver catorce, la práctica debería reflejar algo de esa proporción. Media hora de putts entre un metro y dos metros, con algo en juego —diez seguidos antes de irte, por ejemplo— vale más que una hora de putts largos sin consecuencia.
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